martes, 1 de diciembre de 2015

Comer y ser gorda

La cuestión es que soy gorda. 
La cuestión es que estoy gorda.
Engordé de golpe en muy poco tiempo. Tan poco que mucha gente no me conoce en la calle. 
Eso es bueno y es malo.
Es bueno porque me da una suerte de estar de incógnito y por otro lado el dolor de estar monstruosamente irreconocible.
En general me río de la desgracia.
Pero estar gorda me da poca gracia.
Lo que menos gracia me da es comer. Comer en un lugar público.
Comer cualquier cosa. Es más ya solo con comprar comida tengo un problema.
Me siento como cualquier mortal (en general me pasa que no recuerdo que estoy gorda) y doy una mordida a lo que sea que estoy comiendo. Y zas, alguien mira. Y en sus ojos veo el estupor.
Cuando sos de alguna forma diferente aprendés a mirar los ojos de los otros. A reconocer el asombro, la vergüenza ajena, el reproche. Eso multiplicado por mil si lo como no es sano.
Por eso como poco en la calle, mucho menos en un restaurante, mucho mucho menos delante de gente que no conozco.  Claro que hay veces en los que nada me importa. En las que me relajo y creo que soy normal y como y todo va bien y en general esa sensación se esfuma cuando sin querer miro y ahí están esos ojos diciendo.
Ey, no deberías comer eso.
 


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