domingo, 27 de diciembre de 2015

Comprar ropa

Ocurre que los gordos también debemos comprar ropa.
La rompemos y gastamos igual que cualquier mortal.
Ocurre que existen lugares de talles especiales para gordos.
Entrar a esas tiendas equivale a que ya no sos normal.
Y eso es un viaje.
En general la ropa de gordas tiene muchas flores. Y yo odio las flores. Las odio mucho. Además son casi siempre flores enormes. E N O R M E S.
Y además está el temita que cuesta todo el doble. Lo que por una vez tiene sentido porque gastan mucha tela.
Además que desde que estoy gorda no me pruebo la ropa, esos espejos indomables, con la luz de los probadores, es un golpe demasiado fuerte a la autoestima de cualquiera. Y me me llevo a casa, casi siempre una remera enorme, con flores enormes, con pantalones enormes. Que me queda grande o chica. Porque no me la probé.
Soy gorda, no hay nada que hacer.

martes, 1 de diciembre de 2015

Comer y ser gorda

La cuestión es que soy gorda. 
La cuestión es que estoy gorda.
Engordé de golpe en muy poco tiempo. Tan poco que mucha gente no me conoce en la calle. 
Eso es bueno y es malo.
Es bueno porque me da una suerte de estar de incógnito y por otro lado el dolor de estar monstruosamente irreconocible.
En general me río de la desgracia.
Pero estar gorda me da poca gracia.
Lo que menos gracia me da es comer. Comer en un lugar público.
Comer cualquier cosa. Es más ya solo con comprar comida tengo un problema.
Me siento como cualquier mortal (en general me pasa que no recuerdo que estoy gorda) y doy una mordida a lo que sea que estoy comiendo. Y zas, alguien mira. Y en sus ojos veo el estupor.
Cuando sos de alguna forma diferente aprendés a mirar los ojos de los otros. A reconocer el asombro, la vergüenza ajena, el reproche. Eso multiplicado por mil si lo como no es sano.
Por eso como poco en la calle, mucho menos en un restaurante, mucho mucho menos delante de gente que no conozco.  Claro que hay veces en los que nada me importa. En las que me relajo y creo que soy normal y como y todo va bien y en general esa sensación se esfuma cuando sin querer miro y ahí están esos ojos diciendo.
Ey, no deberías comer eso.