Todos los humanos crecemos disparejos. Tenemos zonas grises donde se nos nota el emparchado, lugares sombríos que pocas veces nos atrevemos a mirar.
Criar es una actividad que hace que todos esos grises salten a la vista.
En ese sentido ser mujer es difícil. Es difícil saber donde empieza y termina su cuerpo.
Es difícil explicar la trascendencia de nuestros actos. Es difícil explicar a una hija adolescentes que tiene que ponerse una pollera más larga, con esa cortita le van a meter la mano en el culo. Es difícil explicar eso sin tener que explicarle que el capitalismo nos tiene hartas.
Que esta sociedad esquizofrénica te hace linda solo si sos flaca y con pollera cortita, pero si sos flaca y usas pollera cortita te bajas del colectivo con un pedazo menos.
Es difícil criar hijas, explicar que la belleza es un concepto ambiguo, cambiante, loco.
Y tienen que salir al mundo.
Mi vida es mujeril, mis amigas, mis hijas, mi hermana. Una vida llena de conchas y pocos pitos.
Y pienso en eso bastante, que distinta la vida rodeada de minas.
Cómo se organizan las lealtades, como las mujeres inteligentes se pierden en pactos con los varones, como organizan alianzas, perdonan agravios, organizan estrategias.
Pienso en mujeres inteligentes, mujeres fuertes que les crece un pito de vez en cuando. Pienso en una sociedad que te hace creer que es mejor que te crezca ese pito. Pienso en una sociedad que vuelve a las mueres sufrientes, histéricas, llorosas. Y hace de eso una forma de manipulación.
Pienso en la psicología que dice que millones tenemos envidia del pene. Que dice que la madre, sí la madre y si relación primigenia encausan el resto de las relaciones (es un poco mucho para una sola persona).
Pienso en Javi que cumple 15 años.
Pienso en que creció rápido.
En que tipo de mujer será cuando sea grande.
Pienso en su pollera cortita, en los vestidos de fiestas de 15, en las chicas en los boliches, los zapatos de plataforma, en el cuerpo, su cuerpo, el cuerpo de las mujeres.
Cuerpos doloridos por las dietas, los abortos clandestinos, las cirugías plásticas, los ejercicios para ser lindas.
Y ahí en el medio Javiera, en el medio de un tironeo infernal que le dice en el oído tenés que ser linda, flaca, no envejecer. Y pienso como va a llegar a vieja sin enloquecer, ¿cómo llegamos todas a viejas sin enloquecer?
jueves, 14 de noviembre de 2013
martes, 10 de septiembre de 2013
Una carta
Una carta, siento las rodillas temblar.
-¿Qué dice papá?
Él me mira mudo, mudo de adentro. La pieza parece más oscura aún si es posible.
-¿Que dice, papá? -Sus ojos dicen no puedo.
Tomo la carta, la abro despacito, despacito. Por favor que esté presa, por favor que esté presa,
pienso.
Las letras de la carta son parejitas, como si fuera a maquina, letras redonditas y parejas, que leo
una a una. Es corta pero dicen todo, ella está viva y esta presa. Un fuego me sale de adentro, es
pura felicidad, salto y lo abrazo.
-¡Está viva, papá! ¡Está viva!
Sus ojos mudos se llenan de lágrimas.
-Pero, papá, es bueno que esté viva, en algún momento va a salir libre y la vamos a volver a ver, ¿te
das cuenta?
Me da la espalda y se acerca a la ventana.
-Cuando la conocí -me dice-, ella era jovencita, me acuerdo de sus dos cachos uno a cada lado. Le
gustaban las faldas plato, tenía una calipso y pasaba dándose vueltas para que se extendiera. La
primera vez que la besé y sentí sus labios ya me quise casar, pero quería terminar el colegio y ver
si podía hacerme un oficio. Ella, tan práctica, me dijo: “el que espera, desespera” y que lo único que
ella esperaba era la micro. Así que me casé. Éramos vírgenes los dos y sabíamos muy poco del
sexo, pero la primera vez fue maravillosa.
Lo miro avergonzada.
-Déjame terminar, lo hicimos mucho todo el tiempo, y sólo lo dejamos de hacer cuando te
esperaba a ti. Su cuerpo era mío. Era el único que lo había contemplado desnudo. Sólo yo conocía
sus cicatrices, sus curvas, sus dobleces. Ahora ellos también. La deben haber tocado, la deben
hacer usado, la conocen desnuda. No puedo, Carmen, perdóname, pero preferiría que estuviera
muerta.
Lo odio, no puedo mirarle a la cara, cómo puede pensar eso, mi mamá está viva. Entro al baño,
necesito tomar agua. Seguro que se volvió loco. Ella está viva y un día va a venir. Viejo idiota. Eso
pienso mientras escucho el ruido de los vidrios quebrándose y el impacto hueco del cuerpo contra
el suelo.
martes, 8 de enero de 2013
Un asado y el drama
Un asado en la Esma, el dolor y el drama. Cosas locas y sueltas
en las que mi cabeza da vueltas y vueltas.
La Esma es como Villa Grimaldi, un asado en Villa Grimaldi…
No soy de las que viven en el drama, el drama me gusta
bastante poco.
Tampoco diría esa frase de que hay un límite. ¿Por qué hay
un límite? No sé. Sí sé lo siguiente: la memoria duele. Duele recordar los
muertos, duele recordar a Claudio muerto en enero. A Cecilia en junio. Duele,
duele acordarse del miedo, de esconderse.
Duele sobretodo acordarse del dolor. Nadie entiende a un
torturado más que un torturado, decía un amigo. Nadie entiende el dolor de la
Esma, más que el señor que salió de ahí, que sobrevivió a ese lugar.
Quizá lo que más me molesta es escuchar al progresismo
explicarnos que en realidad los que estamos mal somos nosotros que vivimos en
el pasado. En la cultura de la muerte. La cultura de la muerte… es una rara
dicotomía, entonces un asado en la Esma sería la vida. Claro, más vale que la
vida sigue, acá estamos hermosos y vivos, pero sabe don y doña progre, es
porque la cultura de la vida se hace en otro lado. En la lucha cotidiana, en
criar hijos pensantes que sepan que el capitalismo es una bosta y que hay que
destruirlo.
Que el señor Alak organice los asados que quiera, pero si
Carlos Gregorio Lordkipanidse le dice al señor Alak: ¿sabe qué? acá no, el
señor Alak como un señor debería decir: che, metí la pata. No lo hago más, fue
sin querer. Como hace la más chiquita de mis hijas y tiene 5 años.
Pero nada va a saber tan mal como la desmemoria, la desvergüenza,
pero especialmente nada va a saber más mal que un asado, que se convierte en
sapo, que se convierte en historia que te tenés que contar y de la que me vas a
tratar de convencer. No señor/sra. en ese lugar a los desaparecidos los hacían
asado, no me digas que el asado entonces es la cultura de la vida. ¿Sabés qué? a
vos que te comes todos los sapos, que a todas las boludeces y las hijeputeces
de tu gobierno le encontrás la vuelta. A vos te tengo al lado de mi mamá
católica y de mi viejo comunista, como otro fanático sin razón. Y cuándo te escucho pienso: pobrecito, en realidad esta no se la debe creer... ¿o sí?
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